TORRELAGUNA Y PATONES

Puente de Patones de ArribaFuente: Asociación Cultural Amplàries

    Último día del mes de octubre y la Asociación Cultural dirige sus pasos al nordeste de la sierra madrileña, salimos desde Madrid y entre canciones y chascarrillos llegamos a Torrelaguna, que nos recibe con un irresistible aroma a churros recién hechos, y algunos de débil carácter, fuimos incapaces de evitar la tentación y, puestos a pecar, los acompañamos con un buen vaso de chocolate caliente.

    El personaje más conocido de Torrelaguna es, sin duda, el Cardenal Cisneros, y su mano se nota en todos los rincones. Desde su Plaza Mayor nos acompañaron tres guías oficiales de la ciudad y no perdimos detalle de la Iglesia de la Magdalena, quizás la mejor muestra del gótico madrileño, no en vano ostenta el título de Monumento Histórico Artístico, con planta y alzado de tres naves (tipo basilical) y retablos barrocos, platerescos y el retablo mayor de tipo churrigueresco. Imprescindible

      Continuamos nuestra excursión y recalamos en Patones de Abajo, donde nos dejó el autocar, pues no puede llegar hasta “el de arriba”. Quienes no se encontraban con ánimo de afrontar la exigente subida por la garganta que une los dos Patones, eligieron la comodidad del automóvil del restaurante que bajó a recogerlos, pero, para su pesar, tuvieron que pagar el peaje de no disfrutar de un precioso y pintoresco recorrido por la sierra madrileña, la senda ecológica de “El Barranco”, que discurre paralela al  arroyo de Patones, encajada entre paredes de roca caliza, pacientemente labradas durante siglos por la constancia del agua del arroyo, jalonadas por cuevas otrora habitadas. En apenas 750 metros pasamos de la fértil vega y bosque de ribera del valle regado por el Jarama,  olivos, viñas y cereal, al paisaje característico de monte bajo, encinas y pinos de repoblación.

    Una exigente rampa, que puso a prueba nuestras piernas y hostigó nuestros pulmones, nos lleva hasta Patones de Arribas. El esfuerzo es generosamente recompensado con un precioso pueblo, primorosamente cuidado, y unas vistas excepcionales.

    Disfrutamos paseando por sus originales calles, singulares construcciones, pintorescos senderos, la bella zona del lavadero, gozamos de sus excepcionales vistas serranas y vinieron a nuestra memoria las otras historias de España, que en el caso de Patones nos dice:

     Allá por el año 711 comenzó la invasión musulmana de España con el desembarco de un ejército de 7.000 bereberes (étnias del norte de África) en la bahía de Algeciras.  El factor sorpresa y la continua llegada de tropas desde el norte de África provocaron que, en menos de un año, la mitad sur de la península, desde Toledo, estuviera en manos de los sarracenos, como así eran denominados por la cristiandad medieval los pueblos árabes o musulmanes.

    Buscando un sitio donde esconderse, muchos cristianos decidieron huir a los parajes más recónditos de la geografía peninsular, y algunos ocuparon una gran abertura en la cordillera central, que cierra un pequeño valle llamado “Lugar de Patones”.

    Vivieron completamente ocultos al poderío musulmán, manteniendo sus costumbres, creencias, dedicándose a la caza, pesca, colmenas, ganado lanar y el poco cereal que podían cultivar.

    Eligieron entre ellos un gobernante, hereditario y que llamaron “Rey de los Patones”, situación que duró hasta el año 1750, cuando un alcalde sustituyó al Rey de los Patones, y el pueblo se adhirió a  la jurisdicción del vecino municipio de Uceda.

   No queda constancia escrita de tan curiosa historia, pues los archivos se quemaron durante la guerra civil, pero merece ser contada. Presumen también los Patoneros de que las tropas francesas napoleónicas tampoco pisaron sus tierras, pero existe un legajo que demuestra el pago de tributos a este ejército, concretamente una vaca y una asignación de 50 libras de carne al destacamento francés de Torrelaguna. Pero la “guerra” mas conocida de los Patoneros se conoce como “guerra de los pinos”, allá por los años 40, cuando el estado trató de repoblar la zona con pinos, el parte final, resumido por los mas veteranos de pueblo, dice ” Pero nosotros vivíamos de las cabras y resultaba que nuestros animales tenían que desaparecer… Así que es que no os quiero contar la que armaron los mozos. ¡Como que tuvo que intervenir la Guardia Civil para poner orden! Claro que el ingeniero de los de la Repoblación cobró de lo lindo“.

   A partir de 1940, los habitantes de Patones comenzaron a bajar a lo que hoy es Patones de Abajo, que ofrecía mayor confort doméstico, y el pueblo quedó casi abandonado.

    Patones se encuentra al nordeste de la provincia de Madrid, a una altitud de 832 m., dentro de lo que se denominó en su día la Sierra Pobre, y que ahora no corresponde a su realidad. El río Lozoya, cuyas aguas fueron las primeras en abastecer Madrid desde la veterana presa del Pontón de la Oliva, marca los  límites con sus tres municipios vecinos,  El Berrueco, Cervera de Buitrago y El Atazar (con su moderna presa homónima),  y el río Jarama que le separa de la provincia de Guadalajara.

   El abrupto terreno y la dificultad, incluso hoy en día, de acceso hasta Patones de Arribas, han propiciado que el material utilizado para sus construcciones  fuera el que más abunda sus alrededores, la pizarra negra, que aún hoy se mantiene, y el conjunto conforma una muestra insuperable de lo que denominamos “arquitectura negra”, conservado con primor y que nos traslada a las épocas del medievo,

    El broche final llega a la hora de dar cuenta de una suculenta comida en el restaurante La Cabaña, una construcción que hace honor al conjunto arquitectónico local, declarado bien de interés cultural, una antigua vivienda de pizarra reformada respetando la arquitectura tradicional y reconvertida en confortable establecimiento hostelero donde el “yantar” se convierte en un verdadero placer.

   Una excursión promovida por la Asociación Cultural que, como todas, no debes perderte. Pronto te informaremos de la próxima.

ASOCIACIÓN CULTURAL AMPLÀRIES

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2 comentarios sobre “TORRELAGUNA Y PATONES

  1. Muchas gracias, a todos los que dirijís esta asociación Les Amplaries por el esfuerzo que constantemente estáis haciendo para ofrecernos esos excelentes paseos en los que disfrutamos de la camaradería y de los conocimientos de los lugares visitados. Lástima que a veces nuestras obligaciones no nos permitan acompañaros. pero siempre que podamos, contad con nosotros.
    Lo que queríamos es dejar aquí nuestro agradecimiento y desear que sigáis en este esfuerzo que poco a poco irá llegando a todos los que aún no nos conocen.
    Un abrazo desde los “madriles”
    Joaquín y Elvira (Trébol III)

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